El contacto limpio es un hábito que construyes con repeticiones, no algo que encuentras el día del partido. Quince minutos, un balón, una pared o una portería. La técnica primero; la potencia llega sola en cuanto el contacto es bueno.

Pie de apoyo. Al lado del balón, apuntando a donde quieres que vaya. La mayoría de los malos golpeos son un mal pie de apoyo, no un mal disparo.

Empeine, tobillo bloqueado. Golpea por el centro del balón, la punta hacia abajo, el tobillo firme. Ni la puntera, ni una cuchara — la parte dura de arriba del pie, justo por el centro.

Acompaña el golpeo. La pierna sigue hacia el objetivo y caes sobre el pie con que golpeaste. Frenar la pierna mata el golpeo.

Ambos pies, siempre. Diez con el derecho, diez con el izquierdo. El pie malo aún no se sentirá potente — mantén la técnica limpia y la potencia llega.

Empieza con el balón parado, luego golpea saliendo de un solo toque — empuja el balón hacia delante y pégale, como pasa en un partido. Cuenta los contactos limpios, no los fuertes.